El niño de Somosierra (Misteriosa desaparición)

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A lo largo de la historia, se han producido múltiples desapariciones con un contenido de alto misterio. Las fuerzas del orden público designan, con este nombre, a las desapariciones que se producen sin un motivo aparente del afectado y por todo los indicios que rodean al caso. Muchas de ellas se han producido en masa o en lugares míticos y cargados de misterio, como podría ser el conocidísimo Triángulo de las Bermudas (uno de los doce triángulos de la muerte) donde cientos de personas, barcos y aviones han desaparecido para no volver jamás, u otra, no menos intrigante, desaparición de al menos ochocientos soldados británicos, el regimiento inglés “Primer Cuerpo de Norfolk” sobre el 28 de agosto de 1915. Esto sólo es la punta del iceberg, ya que han corrido ríos de tinta acerca de todos estos temas. Pero, lo primordial es poder verificar si todos estos hechos son auténticos o, por el contrario, el tiempo se ha encargado de borrar parte de la verdad, convirtiéndolos en leyendas. A lo largo de estas pocas líneas, vamos a tratar, en profundidad, algunas desapariciones misteriosas acaecidas en nuestro país y algunas de ellas frescas en la mente de muchos de nosotros, a pesar del tiempo transcurrido. 

Las desapariciones de este tipo, vienen cargadas de un sufrimiento y drama por parte de las familias que la sufren. Por un lado, tenemos la incertidumbre de lo ocurrido al ser querido, el dolor que acompaña a esta vivencia es indescriptible. Por otro lado, tenemos la esperanza de que aparezca lo antes posible y regrese al hogar sano y salvo. Pero no siempre ocurre así y para muestra un botón. Partimos de la idea de que las desapariciones pueden ser voluntarias o, en su defecto, obligadas por un agente exterior. En este último caso, podríamos abarcar las de alta extrañeza. Y dentro de las mismas, las más dolorosas son las vividas por los menores en primera persona. Como hemos comentado anteriormente, en nuestro país se producen, anualmente, miles de desapariciones, muchas de ellas se resuelven en las primeras veinticuatro horas. Pero tenemos que tener en cuenta que el tiempo juega en nuestra contra, ya que, mientras transcurra más tiempo, más incertidumbre ocasiona.

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Llegados a este punto del recorrido, les invito a que me acompañen a varios de los expedientes X , en cuanto a desapariciones se refiere, en nuestro querido país y no hace tantos años. En esta misma situación, se encuentran muchos otros jóvenes de nuestro territorio, que han podido correr la misma suerte. 

En primer lugar y por orden cronológico, trataré una de las desapariciones que más me han llamado poderosamente la atención en estos años. El caso en cuestión es, sin duda, el llamado El Niño de Somosierra . Pero pasemos a coger la máquina del tiempo y nos situamos en la Noche de San Juan de 1986. En aquella fatídica fecha desaparecería, hasta el día de hoy, el niño de diez años Juan Pedro Martínez Gómez , tragado por la nada, en un accidente de tráfico que le costaría la vida a sus Padres Andrés Martínez y Carmen Gómez , entre las provincias de Madrid y Segovia, en el paraje conocido como Somosierra. A Juan Pedro, le hacía mucha ilusión realizar este viaje que le habían prometido sus padres por aquellas fechas. El niño tenía la fortuna de ver las vacas pastar libremente. Todo comienza con el rugido en el arranque de aquel Volvo F-12, un potente camión dispuesto a realizar una larga travesía, hasta una petroquímica de Bilbao, cargado con 20.000 litros de ácido sulfúrico óleum. Al volante, un experto conductor, Andrés Martínez. Le acompañan, en esta aventura, su esposa Carmen Gómez y su hijo menor Juan Pedro. Nada hacía presagiar la tragedia, los ocupantes de aquel vehículo se despiden alegremente de sus seres queridos, agitando sus manos. Su primera parada, sería para repostar en la localidad de Venta del Olivo, a pocos kilómetros de Cieza (Murcia). El camión, con su gran peso de arrastre, se dirige hacia Las Pedroñeras. Tras la dura jornada en la carretera, deciden aparcar en una zona de descanso para dar una cabezadita. 

Tras este lapsus de tiempo, vuelven a la carretera nacional 301, hasta entrar en Madrid. Sobre las cinco y media de la mañana, eligieron su última parada, dirigiéndose hacia el Mesón Aragón , dentro del término municipal de Cabanillas y muy cerca del Puerto de Somosierra. En dicho local fueron atendidos por el joven camarero Felipe Alhambra . Allí, los tres protagonistas del drama tomaron diversos alimentos ligeros, que les supuso un cuarto de hora, a lo sumo. Tras pagar sus consumiciones, se despidieron amablemente del camarero y emprendieron su marcha. Todo lo ocurrido, a partir de ese momento, es sólo especulación, no hay una sola evidencia favorable del hecho. En un primer momento, aquel pesado camión alcanzó los 140 km por hora, sin motivos aparentes. Y, unos pocos kilómetros más adelante, se produce el fatídico incidente, en la antigua carretera Nacional 1, derrapa impactando frontalmente con otro gran vehículo de características similares; se sale de la calzada y arrasa otra hilera de vehículos de la zona. 

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Los ocupantes de nuestro camión, mueren en el acto. Para terminar su recorrido atroz, el volvo 12 impacta contra una serie de árboles del lugar y se produce de inmediato el vertido del óleum, por las inmediaciones. Por motivos ya descritos, se produce un caos circulatorio tremendo. Cuando llegan las Fuerzas de Seguridad del Estado, comprueban el estado lamentable de los ocupantes del camión…habían perecido calcinados. Pero ¿y Juan Pedro?, ¿dónde estaba?…

En aquel preciso instante, se desconocía que existiese un tercer pasajero. La primera de las prioridades es valorar la catastrófica situación y atender a los heridos, así como los daños colaterales del vertido del ácido, que se acercaba peligrosamente al río cercano…

Pero se confirma de forma rotunda la presencia de Juan Pedro, gracias a las declaraciones de sus abuelos, que así lo habían confirmado. Los bomberos abrieron, de forma súbita, la cabina del volvo en busca de evidencias de la presencia del niño, pero todo fue inútil, allí no había nadie más que sus progenitores. Y todos los testigos a los que se le había pedido declaración, afirmaban la presencia del niño en el camión con sus padres, ¿Qué había sido de Juan Pedro?, ¿dónde estaba?. La única evidencia de su paso por la cabina del trailer, era parte de la suela de una zapatilla deportiva que había quedado en la cabina. Se barajaron diversas hipótesis sobre la misteriosa desaparición del niño, en concreto, que hubiera sido disuelto por el ácido oleum que portaba el camión.

Pero esto es imposible, ya que quedó perfectamente demostrado en las pruebas realizadas por la Policía Científica , en su momento. Los Padres estuvieron recibiendo, durante horas, el baño de este ácido y lo único que se percibía en sus cuerpos era algunas quemaduras al respecto. Otra evidencia que desconcertaba a las Fuerzas de Seguridad era los datos recogidos en el tacómetro del vehículo. El tacómetro, es un disco de papel que lleva el camión en un dispositivo que registra, mecánicamente, sobre el mismo todos los pormenores de aceleraciones, paradas, kilómetros recorridos, etc…estamos hablando de la “caja negra del camión”. 

Una de las cosas que más llamó poderosamente la atención a los investigadores del caso, son las al menos doce paradas que realizó, en poco tiempo, el camión en su ascenso al puerto. Y, por si no fuera poco, la velocidad del camión alcanzada en aquellos momentos salían fuera de toda lógica. ¿de qué huía el padre? o, por el contrario, ¿qué perseguía Andrés Martínez para llegar a realizar las maniobras que hizo?. Se han barajado muchas hipótesis, entre ellas: la de que el padre del niño perseguía a unos secuestradores de su hijo. Podrían ser aquellos que afirman unos pastores testigos del incidente. En su momento, declararon que tras el accidente, un coche blanco se detuvo en las inmediaciones y del mismo se bajaron dos individuos de aspecto nórdico, de alta estatura y que tras indagar en la cabina, se marcharon portando un bulto de grandes dimensiones hasta el coche; o, las más descabelladas, que apuntaban a que el niño había pasado a otra dimensión; la implicación del progenitor en la negativa de transportar sustancias de corte ilegal, cosa que se descartó, poco tiempo después. 

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A día de hoy, “nadie” sabe del paradero del niño, su abuela triste sigue preguntándose dónde está su nieto querido, sin perder la esperanza de que algún día aparezca, por la puerta, con la alegría innata que desbordaba el niño en el pasado…

Fuente: Juan Miguel Ramírez (Investigador)


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~ por misteriosdesconocidos en noviembre 28, 2007.

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